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Luciano Arruga: El Estado es responsable.

Por el Prof. Juan Carlos Sánchez, Director Editorial de Gacetillas Argentinas
Se cumplen hoy tres años desde la última vez que se vió con vida a Luciano, un joven con sueños e ilusiones como tantos otros de las barriadas populares de nuestro país. Las garras de un Estado que no quiso cuidarlo se lo llevaron, con la impronta de la dictadura cívico - militar - eclesiástica, como parte de un sistema excluyente que pretende eliminar a los pobres en lugar de encontrar el camino para la movilidad social ascendente.
El Estado es responsable. Así afirmaría la extinta compañera Adriana Calvo. Y ello debe extenderse a todos los poderes que lo integran. El Ejecutivo Nacional, Provincial y Municipal por llevar adelante este sistema de exterminio sistemático de la juventud empobrecida. El Legislativo en todos sus ámbitos por no generar las alternativas en materia normativa para protegerla en forma efectiva y el Judicial por avalar todas y cada una de las atrocidades que cometen las fuerzas de seguridad, cualquiera sea su jurisdicción.
Pese a las pruebas reunidas, todavía no se reconoce jurídicamente su desaparición. Resulta evidente que, desde el poder político, se pretende ocultar la trama de exclusión sistemática que sufrió este pequeño Che de Flores y Lomas del Mirador. Y ello se revela en el libro "Detrás de Luciano", escrito por el Dr. Damián Piraino, uno de los abogados de la familia Arruga, que fuera presentado el pasado sábado durante la Jornada Cultural organizada por los familiares y amigos del joven desaparecido.
La lectura de sus páginas nos permitió conocer la profunda humanidad de Luciano, como también los mecanismos perversos de un sistema que tiene a la propiedad privada como valor principal en detrimento de la vida. Una vez más, el capitalismo mata.
Luciano fue un ángel que sobrevoló Flores, desde su infancia y las vueltas de la vida lo llevaron al Barrio 12 de Octubre. Pero no tenía escapatoria frente a lo sistémico. La burguesía pidió, y sigue pidiendo, seguridad ante el imaginario creado por los multimedios para dar lugar a las patotas policiales que continúan con su pesada herencia de 1976 para beneficio propio. Sucede que la policía necesita alimentar su "caja" y para ello, establece alianzas con la delincuencia pero también la estimula, utilizando a los jóvenes pobres para ello. Ese circuito perverso continúa en lo judicial, que rara vez condena a los policías cuando éstos cometen sus alevosos crímenes.
Pero existe algo más grave. El sistema capitalista es responsable. Porque genera las condiciones para la exclusión sistemática de miles de personas; en su mayoría, niñas, niños y adolescentes. Su sostenimiento está basado en la existencia de pobres, los cuales son considerados como descartables cuando su cantidad excede a sus necesidades sistémicas. Y de allí, la necesidad del exterminio sistemático para demostrar eficacia y eficiencia al poder económico que pretende conservar sus privilegios de clase.
En todo caso, el Estado es nada más que la superestructura necesaria para que el capitalismo pueda continuar su obra genocida, con sus múltiples mecanismos de exclusión. Por eso, es responsable de lo sucedido de esta desaparición en democracia.
A través de sus informes, Correpi nos viene demostrando que el Estado disminuye la pobreza a balazos y a torturas. Más aún, desde los inicios del kirchnerismo. Y las cifras siguen creciendo a pesar del ocultamiento mediático.
A la vez, continúa aumentando la presencia de verdaderos ejércitos de ocupación en las barriadas populares. El Cinturón Sur, con la Gendarmería y la Prefectura, es un ejemplo de ello. Y nada garantiza que no se continúe con la matanza de jóvenes.
Todo ello, para satisfacer a esa clase mierda que, en realidad, pretende "la paz de los cementerios" en vez de otra que contribuya a la inclusión mediante una movilidad social ascendente. No se salvan ni siquiera los "progres", que fueron bien definidos por esa canción murguera casi al cierre de la Jornada Cultural: son militantes de sofá que hacen la revolución desde el teclado...
Luciano no está porque supo rechazar lo que le ofrecía el sistema corrupto. Gritándolo a los cuatro vientos. Y eso era inaceptable para quienes eran, y son, amo de la vida de nuestros jóvenes; para estos delincuentes con uniforme, que aún están en funciones y unos cuantos desde 1976, que fueron reclutados desde las barriadas pobres en forma paradojal.
Quienes estamos en la trinchera de la vida y de la inclusión social nos negamos a seguir avalando a un sistema que comete el peor de los genocidios: una niñez encerrada en esa cárcel a cielo abierto, como lo definiera Alberto Morlachetti, del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, que también los lleva a la muerte.
Y es hora de asumir nuestra propia responsabilidad para exigir justicia e iniciar el camino hacia un sistema incluyente. Porque también somos responsables por omisión al no generar las condiciones para un cambio sistémico que permita terminar con este verdadero genocidio.
El día que lleguemos a construir ese sendero, habremos comenzado a generar las condiciones para otro mundo que es posible y que nos incluya a todas y a todos. No es poca cosa. Pibas y pibes están en peligro, y de eso nos tenemos que hacer cargo...
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