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Mariano Ferreyra: El espejo para una militancia consecuente.

Por el Prof. Juan Carlos Sánchez, Director Editorial de Gacetillas Argentinas.
Ferrocarril Roca. Una marcha de tercerizados que reclamaba por la regularización de sus relaciones laborales. Los militantes populares que los acompañaban, poniendo el cuerpo a un justo reclamo. Pero una bala terminó con uno de ellos: Mariano Ferreyra.
Un proyectil de una patota organizada que contó, al menos, con cierto desdén policial ante su irrupción en las vías del ferrocarril, mientras esa marcha pacífica las transitaba, fue la que terminó con la vida de ese militante que supo interpretar las necesidades de un grupo de trabajadores.
No va a ser la primera vez, ni la última, donde la represión tercerizada opera en los conflictos sociales. Más aún, cuando se transformado en sistemática en el medio del discurso oficial que pregona los Derechos Humanos. Es el mismo que prohibió el uso de armas de fuego a las fuerzas de seguridad en ocasión de su actuación ante manifestaciones populares. En cambio, sí lo permite a manos de grupos organizados como los que integraban Favale para reprimir la protesta social.
Se cumple un año desde esa muerte a manos de patoteros liderados por un dirigente sindical como José Pedraza, quien supo rendirse a las exigencias privatizadoras del menemismo y reciclarse como empresario ferroviario. Pero Mariano quedó como el ejemplo de militancia consecuente, la que supone estar junto a quienes lo necesitan en un determinado momento para que su voz sea escuchada por el poder.
Pero no es casualidad que hoy se multipliquen los homenajes a su figura. Ocurre que es la reacción social frente a lo absurdo de su muerte y la condena a sus ejecutores. Y constituye, sin dudas, una presión significativa para lograr el juicio y castigo que merecen. Ayer se conocía la fecha de iniciación del juicio: el 20 de febrero del año próximo.
Nuestra juventud sigue buscando referentes para su actividad política y social. Ayer, fueron Darío Santillán y Maximiliano Kosteki; hoy, Mariano Ferreyra. Y los ha encontrado en ellos. En esos militantes que supieron actuar en pos de los intereses populares. Ayer, la patota de Fanchiotti; hoy, la de Pedraza y sus cómplices. Unos, con uniforme y otros, con la protección de sindicalistas venales y de funcionarios nacionales.
Precisamente, Mariano es el faro que ilumina el camino de la lucha. En él, podemos ver a miles y miles de jóvenes y no tanto, militando por la vida y enfrentando a la muerte propuesta por los represores con o sin uniforme.
Y el mejor homenaje que podemos hacerle, además de estar en la calle, es recordar su sencillez y su disposición para participar de aquellas actividades que buscaban dar cuenta de la realidad existente en las mayorías populares.
Lo que comenzó Mariano, hemos de continuarlo. Ya no se trata solamente de las y los tercerizados en un ferrocarril, sino también de aquellos que lo están en otros órdenes de la vida política, económica y social de nuestro país. Ni hablar de quienes continúan postergados en sus aspiraciones, colectivos escondidos y en la periferia social como los pueblos originarios y las personas con discapacidad.
Mariano Ferreyra es el espejo en el cual los militantes populares podemos mirarnos. Lo necesitamos. Tal vez sea el alimento necesario para continuar luchando frente a una represión que, aún siendo oculta tras el manto de lo tercerizado, viene avanzando al galope.
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