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Una reelección con muchos desafíos.

Por el Prof. Juan Carlos Sánchez, Director Editorial de Gacetillas Argentinas
Pasadas las seis de la tarde del domingo, la euforia del triunfo amplio de Cristina Fernández de Kirchner comenzaba a inundar las cercanías del bunker y de la Plaza de Mayo con oleadas de viejos y jóvenes militantes. Con un casi 54% de los votos, la Presidenta de la Nación había sido reelecta mientras el resto de los candidatos sacaban cuentas acerca de la elección legislativa.
Sin dudas, constituye una legalidad y legitimidad de origen que permitirá una gestión donde deberá saldar viejas cuentas que, desde hace años, tiene con vastos sectores de la sociedad que aún no participan de la fiesta cristinista. Y ello sucedió gracias a una oposición que se limitó a más de lo mismo desde las primarias del 14 de agosto, se esforzó por infundir el miedo mediante agoreros mensajes y, salvo excepciones, nunca mostró una propuesta que convenciera al electorado.
Las diatribas duhaldistas y los sombríos pronósticos de la líder de la Coalición Cívica - ARI buscaron horadar una base electoral que estaba construida desde hace mucho tiempo. Pero representaron fielmente a esos viejos intereses que rondan a su alrededor. En el primer caso, rodeado de los genocidas y sus admiradores, acuñando una reconciliación que es imposible, y en el segundo, acompañada por esa oligarquía terrateniente que pretende seguir viviendo como en el siglo XIX.
Distinto fue el caso, en parte y con muchos matices, de Hermes Binner y su Frente Amplio Progresista. A pesar de las incontables críticas en su provincia, supo remontar el número adverso de las primarias para colocarse en el centro de la escena política en lugar de Carrió y Duhalde. La izquierda se quedó esperando otro "Milagro para Altamira", pero debemos reconocer que estuvo a punto de entrar en el Congreso Nacional y consolidó una propuesta política que, en el futuro cercano, deberá ampliar su base de sustentación para proseguir el camino iniciado.
Sin embargo, volvamos a la Plaza. Con una Cristina que quiso estar junto a su militancia, luego de su discurso ante los medios de comunicación en el bunker electoral. Pero sus palabras de agradecimiento a los saludos de los mandatarios latinoamericanos, nos dejó con un sabor amargo tras referirse a Piñera y a Santos. Uno, en el medio de la mayor crisis provocada por la lucha por la educación gratuita, que ha opinado públicamente en contra de la educación pública, que solamente supo solucionar con la represión de los carabineros y cuyo mejor discípulo en nuestro país es Mauricio Macri, el Jefe de Gobierno Porteño, quien pretende arrasar con los derechos de los docentes de la Ciudad y continuar con su obra de destrucción sistemática; otro, envuelto en los enredos jurídicos impulsados por el Imperio que aún retienen en las mazmorras de su país a un colega como Joaquín Pérez Becerra y que pretende también a Julián Conrado, el Cantor de las FARC - EP, por ahora, encarcelado en la República Bolivariana de Venezuela. Y tuvo una importante omisión: se olvidó de Cuba, de Fidel y de Raúl, cuando la isla fue quien apoyó a nuestro país en todas las ocasiones que tuvo y en particular, en el Movimiento de Países No Alineados; cuando el mismo Fidel apoyó la gestión del extinto ex - Presidente Kirchner asistiendo a su asunción y la permanente disposición de Raúl, en ocasión de la visita de la actual mandataria reelecta.
Pero otras palabras llevan a pensar y mucho... Convocó a la unidad nacional y a la organización de los movimientos sociales, para seguir con el modelo. Lo primero, dista mucho de ser realidad teniendo en cuenta el arco opositor que defiende a Clarín y a la oligarquía terrateniente e industrial, pese a las sutilezas posteriores de De Mendiguren, el Presidente de la UIA y lo segundo, es llamar a la conformación de movimientos afines sin hacerse cargo de los enésimos reclamos populares que, no es casualidad, son reprimidos apenas pisan la calle.
¿Porqué ganó Cristina?
Lo político lo anticipamos. Pero más allá de la circunstancia acerca de la victoria de los oficialismos en épocas electorales, lo cierto es que la ciudadanía tomó debida nota de las políticas sociales implementadas en los últimos años. Desde la jubilación para amas de casa a la Asignación Universal por Hijo y la correspondiente a las mujeres embarazadas, se ha construído una red social significativa que permitió la mejora de la calidad de vida en algunos sectores; sobre todo, en la clase baja y media baja.
Pero una cuestión sustancial es su previsibilidad para parte de la "burguesía nacional" que la acompaña y que ha recibido los buenos vientos de la bonanza económica durante su actual mandato. Al no modificar las bases fundacionales de la dictadura, como la Ley de Entidades Financieras y la actual estructura impositiva, los burgueses y parte de la oligarquía saben que no se verán afectados sus privilegios de clase.
Sin embargo, la lucha de clases está presente. Las últimas referencias acerca de los trabajadores la acercan más al empresariado, al que supo alabar y bendecir. Brindar con Peter Munk, el CEO de Barrick Gold o recibir a un cómplice civil de la dictadura, como Pedro Blaquier, Presidente de Ledesma S. A., bastan para explicarnos el porque del apoyo, aún con matices.
Supo timonear los conflictos en los ámbitos empresariales y sindicales, a pesar del fuerte cimbronazo que le significó la muerte de su esposo, cuando muchas y muchos apostaron a su caída, como el mismo Eduardo Duhalde que proclamó la salida de la Rosada por knock-out o por abandono en una reunión partidaria. Los embates de Hugo Moyano supo enfrentarlos con entereza, negociando en el momento crucial aunque nunca estuvo cerca del corte de relaciones políticas. Sabe bien que la CGT es uno de los baluartes que debe conservar en un gobierno justicialista.
La otra gran razón es la participación juvenil que ha alentado desde el poder. Desde La Cámpora, se viene conformando un polo de poder y de formación de futuros dirigentes; algunos de ellos, en funciones dentro del Ejecutivo. Tal vez, sea la escuela de dirigentes para una renovación del partido después de muchos años.
La victoria no fue casualidad. No nació de un repollo, sino de una multiplicidad de causas políticas, económicas y sociales que se conjugaron en el momento y lugar oportuno. Habrá que ver que ocurrirá si alguna chispa de la crisis económica y financiera mundial, que azota a Europa y a los Estados Unidos, llega a nuestro país. Por ahora, tiene el crédito abierto en el electorado y en su militancia pero no podemos olvidar que la derecha nunca descansa. Y la Embajada norteamericana sigue los pasos de la mandataria, a pesar de haber afirmado que no es revolucionaria. Es lógico: aspira a un capitalismo humano. Pero bien sabemos que no existe. Es simplemente capitalismo que, al decir de Schumpeter, es como el camaleón, cambia de piel según la ocasión...
Los desafíos que se vienen.
La coyuntura mundial no es la más propicia para un país como el nuestro, donde nuestra mayor fuente de ingresos son los commodities. Resulta previsible una baja en los precios de la soja o en las compras de productos primarios desde otros países. Y la incertidumbre acerca del momento en el cual se superará la crisis europea y norteamericana, en el medio de la indignación, operará fuertemente en las decisiones futuras.
Por otro lado, las amenazas imperiales cada vez están más cerca de Latinoamérica. El Imperio y la OTAN arrasan con Libia y asesinaron a Muammar al-Gaddafi. ¿La causa?. En primer lugar, los yacimientos de petróleo y según otras versiones, el posible retiro de los depósitos libios de Europa. Otra vez lo económico sobrevuela los conflictos. Sin embargo, también es conocido que las recesiones norteamericanas son solventadas con las guerras que, a su vez, permiten dar aire a las empresas armamentísticas con el objetivo de dinamizar su economía. Pasó con varias aventuras imperiales recientes, aunque con un dudoso saldo en Afganistán, por ejemplo.
En la mira, está la República Bolivariana de Venezuela y la hermana República de Bolivia; ambas, jaqueadas por las organizaciones no gubernamentales que responden a los intereses imperiales junto a las oligarquías locales. Sin dudas, es un horizonte a tener en cuenta para los próximos meses.
Volviendo a nuestro país, hay varias cuestiones que requieren decisiones firmes y que, poco a poco, van entrando en la agenda. Los conflictos por la vivienda y por la tierra, junto a la situación de los pueblos originarios, cuyos derechos humanos son violados sistemáticamente por terratenientes y funcionarios políticos, son una parte importante que debe resolverse en forma inmediata. Claro está, si comienza a buscar el camino hacia otra economía que supere lo fundado por Martínez de Hoz el 2 de abril de 1976.
La precariedad laboral y los caprichos empresarios también requerirán de su atención. Más aún, cuando surgen los conflictos gracias a exigencias patronales que solamente persigue maximizar su beneficio en detrimento de las y los trabajadores, ya sea regularizados o en negro. Todavía existe un ejército de reserva entre los jóvenes y los mayores de 35 años que no encuentran empleo. Es otra realidad tan indudable, como la del hambre y las muertes evitables de niñas y niños en el interior de nuestro país; algunos de los cuales, pasan a adquirir discapacidades.
Y hablando de discapacidad, no podemos olvidar que aún queda por hacer cumplir la profusa normativa vigente. Las Obras Sociales se siguen escapando de cubrir los aspectos sanitarios, al igual que las deficiencias en el Programa Federal de Salud (PROFE), hasta llegar al punto del pase de los expedientes judiciales al fuero penal por abandono de persona. Desde luego, en aquellos casos donde la familia y/o la persona con discapacidad tienen los medios para acceder a la justicia. Y la eterna prórroga de la adecuación de las unidades de transporte automotor, traje a medida del monopolio de Flecha Bus o de los Cirigliano, junto a la todavía incierta apertura del Centro de Reservas de Pasajes con el objeto de terminar con la negativa del pasaje gratuito en los transportes de media y larga distancia.
Queda mucho por hacer. Cristina Fernández de Kirchner tiene un importante capital político que no puede desperdiciar, salvo que prefiera seguir con las multinacionales, la "burguesía nacional", la megaminería, los agronegocios y el sostén de la estructura económica montada por la dictadura que, desde luego, traerá inusitadas pulseadas al igual que la polémica Ley de Servicios Audiovisuales.
Pero tiene el crédito abierto. Habrá que esperar los próximos meses para ver que decisiones adopta en temas tan cruciales como los que se acaban de enunciar, frente a esa avaricia insaciable de los cómplices del Imperio en nuestro país. No es poca cosa...
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