El Famatinazo: El Pueblo que transformó la Lucha en Vida
Por Lea Ross
Crónica sobre la organización de los vecinxs del Famatina y el Chilecito, quienes emprenden el corte de ruta en Alto Carrizal.
Transcurre del Sábado 14 de Enero al Martes 17.

Paso del Cordobesismo (ex-Cordobazo) al Famatinazo. De una población hoy dividida por el Código de Faltas, a la aproximación de un pueblo que permaneció tan unida que le arruinó la existencia a dos multinacionales canadienses.
Viajar por los caminos nos lleva a un obstáculo: la policía. Preguntan el nombre, la procedencia, el lugar de destino, el porqué del viaje, otra vez de preguntan el lugar de origen. Todo se anota en una libretita. Un acompañante infante grita “El Famatina no se toca”. Nos escrachó. Igual, los dos oficiales nos permiten avanzar. Piuf.
Un cartelito señala el recorrido del Alto Carrizal a la izquierda. Abajo, otro cartelito: “A la Dignidad”.
Alto Carrizal está a pocos kilómetros de la ciudad de Famatina, capital del departamento homónimo de la provincia de La Rioja. Al aproximarnos a su corte, no es de extrañar la presencia de coches estacionados. Y frente a los mismos, carteles, pancartas y afiches de todo tipo como muestra gráfica de apoyo. En medio de los coches y los afiches, se encuentra una canaleta donde fluye una corriente agua, con un color que mezcla el verde claro con el marrón. La corriente proviene del deshielo. Allí se aprovecha para el riego de cultivos. Una estirada bandera argentina se hace presente para imponer el límite físico, junto con su carga significativa que lleva en sí sus colores. Deberían estar presentes cinco personas como mucho para encargarse quienes tienen el privilegio de observar que esa bandera sea levantada como inicio de bienvenida. La consigna es clara: ningún vehículo o persona que tenga apariencia directa con la actividad minera se le puede otorgar la entrada.
Al lado, se encuentra una casa. Una casa con una arquitectura bastante particular. Parece un pequeño fuerte del siglo diecinueve, utilizada durante la Guerra Civil. De cualquier manera, su dueño es el que le ofrece a la pueblada el suministro de agua potable y de energía eléctrica requerida.
Si uno pretende estar allí y me preguntase cuánta gente se encontrará allí, le respondería que el número es siempre relativo. Siempre dependerá de lo trascendente del día y en qué momento del día se piensa arribar. En ese día sábado, momento de mi llegada, hay menos gente de la que esperaba. Al anochecer, ese número se duplica. La noche no sólo tiene el clima adecuado, en contraposición con el calor del día que puede resultar molesto pero no agobiante; sino que además es el momento donde la música es el agite vibrador de la pueblada. Los vecinxs afirman que en la lucha, el arte siempre está presente, como es el caso de las pinturas y los dibujos que se cuelgan. Para el cronista presente, la música es el climatizador que mantiene un cierto espíritu esperanzador para la pueblada.

Las carpas se amontonan como quieren. Siempre preferirán estar a las sombras.
Dos ollas permanecen hirviendo. Todo el día están hirviendo. No sólo para el almuerzo y cena. Sino todo el día. Para llenar termos, para lo que sea.
Una canilla, conectada con mangueras al famoso fuerte, suministra el agua requerida para lavar los platos y los cubiertos o llenar con agua las botellas. Estas últimas se guardan con tres o cuatro freezers. A su vez, otra manguera se conecta con una botellita de plástico. Abriendo y cerrando su tapita, más unos pedazos de cortinas de plásticos negros, permiten el funcionamiento de una improvisada ducha. Y si de baños se trata, hay dos improvisados. Uno para cada sexo. Y si no… hay como veinte kilómetros de baño, como diría Carlos.
Vecinxs que participan de las asambleas de Famatina, vecinxs que participan de las asambleas de Chilecito, vecinxs que vienen en distintas partes del país conforman este corte. Un corte que pone un límite de un camino. Por un lado, un pueblo. Del otro, a unos veinte kilómetros, el asentamiento de una mina llamada La Mejicana, sitio donde la Osisko Minning Corporation pretende instaurarse en su búsqueda por materiales preciosos. A pesar de los carteles de “No a la Mina”, la pueblada trata de mantener en claro que su posición no va en contra de la minería en general, sino de aquella que pretende atentar contra la vida y de la existencia de los recursos naturales esenciales. Es decir, aquella que pretende el uso indebido de cianuro como material para obtener los minerales.