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El carnaval de los mediocres…

Por Norberto Ganci, Director de "El Club de la Pluma"
Es tanta la mediocridad reinante en nuestro mundo, que los que nos sentimos militantes, constructores y varios etcéteras más, nos conformamos con ser menos mediocres.
Se dice que “mediocre” es “mediano” y “mediocridad”, según el “Diccionario Enciclopédico Salvat”, en su edición de 1960, significa: “…Estado de una cosa entre bueno y malo, entre grande y pequeño…” es decir, que refiere a algo medio, ni bueno ni malo, ni bonito ni horrendo, ni honesto ni pecador; lo cierto es que el término se impone para calificar, o descalificar las acciones y/o personajes en diferentes rubros.
Ruego a los sensibles y delicados de espíritu y conciencia, que se abstengan de continuar leyendo o escuchar, ya que tal vez en esta generalización se pueda afectar la “moral” y “honestidad” que los caracterizan…, seguramente a ellos no están dirigidas estas palabras…
Hay un interminable desfile de mediocridad en este mundo, y lamentablemente no es una mediocridad que pueda no afectarnos; de hecho las lamentaciones que padecemos son producto del inefable esfuerzo que los mediocres realizan.
Milicos de diferentes fuerzas: militares, policías, gendarmes, policías municipales; pasando por los clérigos, sacerdotes, eclesiásticos de todo rezo, religiosos de toda calaña; políticos oficiosos para cumplir los mandados de los “de arriba”, políticos pelagatos, piantavotos, corruptos y sobornables hasta la médula; juristas que no juran, que perjuran y castigan desde la inocencia hasta la humildad, abogados, fiscales, jueces y todos sus ayudantes en el gran negocio de “la justicia”; docentes indecentes que vienen contando la historia que nunca ocurrió, o hidalguías de dudosa reputación o la mentira del dos más dos son cuatro, cuando en realidad es tres o en el peor de los casos dos o uno, porque alguno de los antes mencionados se “tomó prestado” aquellos que nos falta…
Al emplear el término mediocre, para “distinguir” alguna acción o alguna persona en particular, lo hacemos con un pensamiento y miradas descalificatorias, minimizándolas, desacreditando y cuestionando a la vez de quitarle alguna entidad de certeza o verosimilitud.
Jamás, en el diálogo cotidiano, empleamos el término mediocre para señalar el medio de alguien o de algo, según la interpretación enciclopédica. Es casi como una agresión u ofensa. Deslegitimar menospreciando.
La generalizada recurrencia en la utilización del término, para señalar, criticar ha desvirtuado la interpretación académica. Algo que suele ocurrir con varios términos lingüísticos, por lo que no nos debe extrañar.
Y como de mediocridad se trata esto, no puedo menos que ser mediocre al referirme a la mediocridad globalizada, imperializada, que terca y obsecuentemente es defendida por los mediocres, pero modernos, señores feudales.
Pero entiéndase bien, me estoy refiriendo al término mediocre que fue robado por el pensamiento hegemónico, para oponerlo al de “excelencia”. A nosotros nos duele la mediocridad que se opone a la grandeza humana. En ese sentido el imperialismo es mediocre, totalmente mediocre. Excelente perseguidor de fines mezquinos y mediocres.
Las actitudes y acciones desplegadas en el planeta, con la impronta de la dominación a toda costa, sometiendo pueblos enteros que provean los recursos necesarios, para la subsistencia de sistema, no pueden ser menos que mediocres. La manipulación descarada de grandes medios de desinformación y la genuflexión de éstos en su mediocre desempeño informativo, dan una clara muestra de cómo no han cambiado las cosas desde que los imperios son imperios, desde que los mediocres son mediocres.
Existe mediocridad a gran escala, hay tanta para elegir, seleccionar y coleccionar que a veces temo estar envuelto en la mediocre telaraña de la incertidumbre…
La mediocridad entendida en la interpretación popular, es no sólo preocupante, sino que es de temer, ya que la misma es dañosa, peligrosa. Veamos algunos casos, con nombres, por ejemplo: El señor obama ha sido mediocremente galardonado con el premio nobel de la paz, cuando harto es sabido es uno de los señores de la guerra; los bush (padre e hijo) han demostrado su mediocre forma de ver o concebir la existencia; vargas llosa excelente pluma pero mediocre político; uribes, piñeras y otros etcéteras del continente, han demostrado su mediocre ineptitud para comprender los cambios sociales, estructurales y conceptuales de integración, complementariedad y participación colectivas.
Hay más para nombrar o referir sobre mediocridad con nombre y apellido, sólo que me suena mediocre repetirlos, cuando somos muchos los que los conocemos de memoria.
No podemos estar ajenos a estas tremendas y tristes realidades que nos circundan, a este obsceno desfile de mediocridad uniformada con el color de la muerte. Vale la pena estar atentos y no perderles pisadas a estos “asesinos con carnet”.
El carnaval de los mediocres está en marcha desde hace muchas décadas, haciendo sonar como matracas sus metrallas. Será de nosotros recuperar la alegría del carnaval y desterrar su mediocridad hacia otras playas…
Que así sea.
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