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YPF: petróleo, historia y resistencias (APE)
Por Silvana Melo
Es que YPF, acaso el ícono más brutal de la enajenación de fin de milenio, el principal activo estratégico y económicamente viable del Estado argentino hasta 1992, es la médula de la agonía: la energía y los servicios básicos convertidos en empresas voraces en busca de rentabilidad a costa de la exclusión de millones y de la transformación del país en una pequeña isla de privilegios rodeada de un mar de náufragos con el agua en los labios. El plan sistemático que comenzó la dictadura y terminó el menemismo -acompañado de la fanfarria de los grupos económicos, los medios y gran parte de la sociedad que compró el discurso del fin de la historia y la muerte de las utopías- tuvo un poder de destrucción asimilable a un huracán social. YPF había sobrevivido con dignidad a la rapiña de la dictadura. Pero su destino estaba marcado, como el de los trenes, por la misma locomotora: la creación de un estado de bienestar para privilegiados y otro estado, marginal y menesteroso, para las mayorías. El argumento fue que daba pérdidas. Como los trenes. Cuando el fin de una empresa pública es la rentabilidad social, la inclusión con igualdad de derechos, el esbozo de un país donde todos entren bajo el techo seguro. Sin embargo, la energía y los servicios en manos de trasnacionales y la maximización de ganancias como único objetivo condenó a millones a la inclemencia de la intemperie. En veinte años la aplanadora de la historia secó sueños, ahogó utopías, marchitó generaciones que no se recuperarán jamás, quebró la cultura de trabajo y la unidad familiar, dualizó la sociedad y marcó una brecha tajante, creó disciplinadores sociales y eliminadores del descarte: desocupación, planes asistenciales, cocinas narco en los barrios pobres, chicos quemados por el paco, desvalorización de la vida propia y ajena, violencia nacida de la desigualdad feroz, etc. Leer más... Escribir un comentario Hits: 39
El Angel o la construcción del delincuente (APE)
Por Silvana Melo
(APe).- La construcción de un delincuente es un trabajo fino, delineado con precisión por la maquinaria sistémica. Un niño incluido en la vastedad del descarte, desahuciado por el Estado desde su origen en el encierro de un asentamiento, en la cárcel eficaz de la villa de donde no se debe salir ni para ir a la escuela y menos para mezclarse con el adentro legitimado por las fronteras del Camino de Cintura y la Gendarmería; un niño que nace y que crece, a duras penas, en los arrabales del deseo, suele empeñarse en nacer con genética criminal. La trae -dicen los especialistas que sirven a las necesidades políticas de los mecánicos de la eliminación- en la propia piel gastada por la desnudez y el hambre. En la marca de origen. En la privación de todo aquello con que lo insultan las gigantografías y las imágenes de la felicidad global. En la pobreza que se les impone y después se les castiga. En la belleza que se les exhibe y luego se les aclara brutalmente que no es para ellos. En su propia felicidad imposible, transformada en bronca a medida que crece. Vuelta frustración. O decisión -tantas veces- de tomar por asalto aquella fiesta que se le negará siempre. Así matan o mueren, como suele ser la vida en la calle. La vida de los incluidos en el container que la eficaz ceamse del sistema suele llenar de niños para compactar. La policía lo apodó el ángel. La policía -el brazo armado del mecanismo social purgante- hizo el trabajo sucio que las otras piezas del Estado comenzaron con el cimiento del abandono. Lo fueron construyendo, le manejaron la rebeldía -cada niño que nace es la semilla para un cambio, es la esperanza de transformación, una pequeña revolución llorando a gritos- y lo vistieron de rencor. Con 17 años de historia en las espaldas, el ángel está a punto de ser mayor y punible como los mayores y ya definitivamente destinable al infierno del Sistema Penitenciario, del que no se vuelve. Con la boca de las fieras abierta para desgarrarle la piel y las escasas certezas. Lo esperaron años. Lo guardaron en celdas ilegalmente, lo persiguieron, lo atosigaron, lo empujaron al robo y a la transgresión de los límites que impone la buena vecindad. El 3 de marzo un patrullero lo atropelló en Berisso. Dicen que manejaba una moto que había robado y que tenía un arma. Si es verdad o no -la fábula policial suele cargar con la culpa social de origen a un chivo expiatorio elegido y predestinado- ya es anecdótico. La única verdad -que suele ser la realidad- es que el pibe terminó con una pierna fracturada y enyesado hasta la cintura. Previa espera de tres horas en la calle, golpes y humillaciones. En el hospital San Martín de La Plata lo esposaron a la cama y lo incomunicaron. Inmovilizado por el yeso y el dolor pero encadenado, por las dudas. Es que él, como paradigma del peligro público, integra “el sector más amenazante de los excedentes de la población” (*) Leer más... Escribir un comentario Hits: 49
Lucas, el nombre en la masacre (APE)
Por Silvana Melo
Siete días atrás el Chimu se calzaba el buzo antes de subir al tren. Hacía un poco de frío y él silbaba para adentro la letrita con la que empezaba la vida, siempre sobre la hora, caminándose ligero la estación. Madera noble, roble es mi corazón. El año en que nació los trenes se pusieron en remate. Y fue, sin saberlo, una vida clave. Como cada vida que irrumpe exorcizando infiernos. Semilla de transformación era Lucas, como cada vez que nace un niño en la tierra incendiada. Su muerte absurda es la rebelión de los anónimos. Es la birome que tacha decretos y derrumba el discurso de los funcionarios. Es la sábana quitada de un tirón para dejar desnudo todo. La perversidad de los negocios, la complicidad de empresarios, sindicalistas y poder político, el enriquecimiento de los favoritos y la muerte fácil, brutalmente fácil de la gente sin nombre. En siete días hubo 51 muertos. Habló Juan Pablo Schiavi. Dijo que los 51 aplastados entre hierros y desidia murieron por esa cultura argentina de viajar en el primero y segundo vagón y elegir morirse en masa, por esa costumbre de viajar masivamente a trabajar en días hábiles, por ese empeño en no viajar en los feriados y morirse mucho menos. Habló -escribió- Nilda Garré. Para decir que Lucas viajaba en lugar prohibido. Como viajan todos los días centenares de miles hacinados, colgados del techo, del estribo, sentados en las ventanillas, aferrados a las puertas. Sin que a nadie se le mueva un pelo. Pero a Lucas se le antojó morirse. Y quedarse escondido dos días en el horrible desamparo de la muerte desaparecida. Alimentando la esperanza de los únicos que lo buscaban. Sus padres. Solos, desoladamente solos. Solos de la soledad aterradora a la que condena el Estado. Lucas desarmó el rascacielos de naipes. Entre el tercero y el cuarto vagón les arrancó los disfraces y los dejó ineptos, viles, insensibles. Les cantó despacito hoy no hay pilares que sostengan, bendiciones ni estrategias. Y se acabó el cuento que nos cuentan por las noches para dormir un rato y al otro día saltar a la nada. Al riesgo de la muerte sólo por buscar la vida. Un pedacito de vida en paz en alguno de estos días. Entonces la masacre tuvo un nombre. Un nombre y un rostro en medio de la sangre de los anónimos. Y vuelve a nacer y a ser, como cuando nació, veinte años atrás, camino de transformación, semilla de nueva vida. Rebeldía con rostro, con nombre, con música propia entre la muerte numerosa, pública, anónima. La inmolación para el cambio, la que suele esperar para parir este país motorizado con tracción a su propia sangre. Leer más... Escribir un comentario Hits: 63
La voz de dios (APE)
Por Silvana Melo
(APe).- Agua Rica se llama el nuevo megaemprendimiento minero lanzado en 2009. Ahí cerquita no más de Andalgalá. Dicen que será dos veces más grande que Bajo la Alumbrera. Agua Rica, tan rica como el agua que sorberá hasta secar la vida de los andalgalenses. Como el agua que dejará de ser rica para los pueblos y volverá como ya vuelve, en gas y balas de goma y dientes feroces en el cuerpo de las mujeres y en los ojos aterrados de los pibes. Catamarca vive, en estos días, el gesto violento del poder cuando se le acaba la paciencia y sospecha en peligro la inmensa y festiva caja que brota de los vientres de la tierra. A los 13 Juan supo lo que era un calabozo cuando la policía rompió el acampe de Belén. Y Facundo, en brazos de su madre, atontados los dos por los gases y los golpes, pasaron efímeros y neblinosos por las cámaras de televisión. En Tinogasta miles de gentes del pueblo, hartos de que los cerros les desaparezcan frente a los ojos, puestos a defender la identidad y la vida, una historia de arraigo en la tierra que pisan, se sentaron al paso de los camiones que alimentan el Bajo la Alumbrera. Las mujeres y sus niños fueron infantería de musculosa y ojotas, bajo el sol lacerante, por el agua que les sacan, por la que les contaminan, por el saqueo del suelo que es suyo, el que habitan desde hace siglos y en el que quieren quedarse a vivir y a morir. Pero las empresas canadienses y suizas no tienen de qué preocuparse. No necesitan ensuciar sus manos con el sudor terroso de la gente de pie. Tienen gobiernos que les ofrecen con avidez sus aparatos represivos, sus estructuras judiciales y sus leyes fláccidas para que sea feliz y sin ripio el camino del despojo. La represión de madrugada en la tucumana Amaicha del Valle -la oscuridad es una vieja aliada del terror-, los perros feroces lanzados contra la gente en Tinogasta, la mujer que muestra la mordedura tan cerca de uno de sus pechos, balas de goma contra la espalda de cualquiera, gases que asfixian a los niños, golpes y palos y patadas en la cara de los viejos, Facundo en brazos de su madre que se desvanece, las amenazas contra los medios comunitarios, las casas allanadas, las listas, el piquete pro minero de gerentes, empleados, familiares de empleados y policías que sitia Andalgalá y no permite la entrada de sospechosos. Y la gente como blanco móvil. Terroristas de los pueblos de la cordillera -dentistas, boticarios, almaceneros, peones rurales, limpiadoras de casas y sus criaturas, maestras, cosecheros- que subvierten el orden establecido por los superpoderes económicos que siguen gobernando en las sombras. En sombras que, de vez en cuando, cuando es necesario, descorren y muestran sus incisivos listos para clavarse en cualquier yugular con pretensiones libertarias. Leer más... Escribir un comentario Hits: 60
Lorena, Tatiana y el río (APE)
Por Silvana Melo
Las islas del delta en Tigre serpentean entre los riachos de la desigualdad. Son fotos de agua de la misma injusticia del mundo. Por esas veredas de viento y corriente caminan las canoas y las chatas de los que viven de las plantaciones y la pesca. De los que reman a pulmón para llegar al almacén. De los que suben tempranito y de noche a las lanchas públicas para llegar a la escuela. Por esas calles de correntada propia y paraíso ajeno también avanzan los yates y las embarcaciones de lujo a fuerza de portento y poder. A llevarse por delante la historia chiquita de los anónimos. Lorena conocía la ruta como a los dedos de sus pies. El río le corría por las venas porque ahí nació, respirando frescura de alisos y laberintos de juncales. El viernes salió con sus niñas de visita. En la canoa con motor fuera de borda por la vecindad de las casas altas, paradas sobre pilotes de madera cortada en luna menguante para que dure. Tan sabios los sabios de las islas. Habrá pasado o no por el surtidor de la Caty, se habrá cruzado con las chatas de los fruteros, quién sabe. Era una linda tarde de febrero para compartir el mate en otra mesa. Eso es el delta: la suma de las diferencias, el gesto de la desigualdad que frunce sus narices a una hora precisa. Al fin y al cabo era el paraíso de Rodolfo Walsh. Y el infierno de Leopoldo Lugones. Sólo atinó a extender el brazo sobre las niñas cuando vio venirse encima la trompa del yate. Un monstruo soberbio que avanzaba sin mirar ni ver. Como suele hacerlo el poder sobre los pequeños. Ella intentó parar un misil con las manos. Y la hélice suntuosa le devastó los sueños. Y la dejó muda en el centro de la muerte. Con su criatura más frágil dormida en un sopor morado del que no ha vuelto. Leer más... Escribir un comentario Hits: 53
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